31 julio 2012

Rol fuera de contexto: dados sobre el pincho de tortilla.

Desde el mismo momento en que empecé a jugar al rol, de hecho desde la primera partida, he estado jugando a menudo en lugares públicos, casi tanto como en hogares si sumo locales de juego, parques, parkings, librerías, bibliotecas, bosques, centros juveniles, polideportivos, portales y escaleras de edificios, así como el tipo de lugares de los que hablaré hoy.

En esta entrada del blog me gustaría centrarme en concreto en un tipo de lugares públicos, aquellos locales de libre acceso pero en los que hay un negocio y por tanto entras como cliente más que como usuario de un recurso público. Librerías especializadas, bares y restaurantes, discotecas, piscinas, etc,  entrarían en esta categoría. A menudo nos hemos tenido que refugiar en estos lugares cuando no había un lugar donde reunirse, un espacio propio libre y pienso que hay dos cuestiones generales que tener en consideración al hacerlo. Por un lado está la cuestión del respeto adicional que debemos aplicar por el tipo de espacio que estamos ocupando. Por otro hay cuestiones coyunturales que afectarán al juego y que debemos solventar.



Respeto.
Por un lado, es necesario entender que el local en el que estemos jugando tendrá casi siempre más clientes con quienes compartir el espacio, en especial el sonoro. Si ellos se sienten cómodos con nosotros también lo estaremos, salvo que vayamos cortos de empatía. Calculad que cada local tiene su propio ambiente y procurad encajar en él respecto del volumen sonoro y el uso de los enseres o medios del local. Respeta la presencia de otros consumidores y limita tu libertad con la presencia de la de ellos.

Sé agradecido, no seas soberbio, respeta el concepto de negocio: sé un cliente en todos los sentidos. Te mereces un respeto, pero ten en cuenta que no eres el cliente medio y si permaneces allí mucho rato sin consumir o consumiendo menos que la media los propietarios se han ganado un poco de tu amabilidad. De la misma manera que esperamos que se nos trate como a cualquier buen cliente, seamos agradecidos. Por ejemplo, puedes hablar bien del local en las redes sociales, mencionando su hospitalidad y tu experiencia.




Coyuntura.
Para empezar, busca el lugar más adecuado para tu grupo de juego. Darte cuenta demasiado tarde de que no hay mesas para más de cuatro personas o que las consumiciones son demasiado caras para alguno de los presentes puede desembocar en una situación incómoda. ANTES de dirigiros a un sitio concreto hablad de ellos con total sinceridad y aseguraros de que vais a estar lo bastante cómodos. Todos los jugadores han de estar de acuerdo con el lugar en términos generales. Con esto último quiero decir que se espera también de todos una mínima flexibilidad; después de todo la alternativa a no encontrar ningún sitio adecuado para todos es no jugar.

Respecto del juego que debemos elegir, tengamos en cuenta primero dónde estamos; en ciertos locales las mesas serán pequeñas y estarán llenas de cosas que manchan. Imaginad tener que tirar muchos dados y recogerlos todo el rato del suelo o tener que usar papeles, hojas de personaje y libros que acabarán manchados de salsa rosa. Sobre todo, tengamos en cuenta el tiempo disponible, limitado tanto por los horarios del lugar de juego como por los tiempos de desplazamiento que necesitemos. ¿Obviedades? Entonces, ¿por qué una y otra vez no las tenemos en cuenta?

Vamos a necesitar cierta capacidad de renuncia, como cada vez que jugamos en un lugar que no sea el idóneo. Hay quienes prefieren jugar a menudo aunque no siempre en condiciones perfectas y quienes prefieren jugar poco pero asegurando casi siempre un buen resultado. Yo estoy en el primer grupo pero es cuestión de gustos. Si eres de los míos, mejor que aprendas a renunciar al silencio, a la concentración, al orden y a la ausencia de interrupciones. Renuncia si la opción de no jugar ese día es peor. Y si no te importa no jugar ese día, renuncia con ligereza y hablad de rol, de comida, de otros juegos de mesa, de literatura. O id a pasear o buscad otra cosa que hacer. No renunciéis a divertiros.


Por último, valorad cómo nuestra actividad es distinta a las habituales del local y cómo puede llamar la atención. Puede, de hecho, suscitar preguntas. Una forma de abordar esto es pedir respeto y privacidad y sin duda en muchos casos esto será lo correcto pero en general yo optaría por una estrategia de salida del armario breve: explicar lo que hacemos en un minuto y luego dar a entender con calma que necesitamos esa privacidad, salvo que quieran unirse a nosotros jugando.

2 comentarios:

  1. Nosotros solíamos frecuentar un bar que tenía un par de mesas al fondo del local, apartadas del resto por la entrada a la cocina. Jamás nos pusieron impedimento alguno porque intentábamos reducir el escándalo producido al mínimo. Con el paso del tiempo esa zona se convirtió en nuestro reservado: el dueño guardaba esas mesas para nosotros cada tarde. Siempre solíamos ser entre tres y siete personas, así que las consumiciones les interesaban. Pero, como bien dices, siempre intentamos no molestar al resto de clientes, y nunca tuvimos problemas para probar el juego que fuera, tanto rol, como cartas, como tablero o wargames.

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  2. A veces me imagino siendo viejo y jubilado (igual esto es una fantasía) sentándome a echar partidas de rol y tablero en un bar como los mayores actuales se echan un mus o un dominó. Habría que hacerlo más a menudo desde ya, jugar en público y no por situaciones especiales me parece un paso determinante para la normalización de cualquier afición.

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