30 octubre 2007

Dos a Uno

Esta idea me asaltó en medio de una partida de Cthulhu, ejerciendo yo esta vez como jugador. The Travesty, magníficamente escrito por lo que pude apreciar desde mi lado de la pantalla, parecía dar bastante libertad de acción a los jugadores, lo cual es muy positivo. Pero, adicionalmente, contenía o parecía contener toda una serie de eventos, originales y atractivos, que la mayoría de las veces eran entradas de pnjs. En mi opinión, demasiadas.

¿Cuál es el problema? Que la primera hora de juego disfrutamos como locos... de una narración, más que de una partida. Yo al menos tuve la sensación de no poder hacer mucho más que ver cómo el árbitro iba interpretando una sucesión de pnjs histriónicos y divertidos. Cada vez que nos disponíamos a hacer algo, una puerta se abría y un nuevo pnj aparecía para mostrarnos su personalidad. Reaccionábamos a posteriori y apenas disponíamos de espacio para la iniciativa.

Conviene aclarar que desde mi punto de vista hay dos tipos de eventos básicos (que luego podrían subdividirse) en los juegos de rol:

-Los que ocurren a raiz de algo que hacen los jugadores.
-Los que ocurren de forma preprogramada, independientemente de lo que hagan los pjs.

El primer tipo de evento da sensación de que los personajes son más reales porque lo que hacen tiene consecuencias y cambia el mundo que les rodea. El segundo, proporciona la sensación de que el mundo que les rodea es real y sigue su marcha independientemente de que ellos se queden parados.

No estando de acuerdo tampoco con las partidas de libertad absoluta, que pueden acabar con los personajes organizando un cinquillo, creo que deben primar el primer tipo de eventos sobre los segundos, en una proporción, digamos por ejemplo, de dos a uno y sin dejar de existir nunca el segundo tipo.

Primando al primer tipo de evento se consigue que independientemente de que la partida sea más lineal o más ramificada los jugadores tengan esa sensación de libertad e influencia del personaje y por tanto, una vez más, de verosimilitud. Después de todo en la vida real también dudamos menos de nuestra existencia que de la del mundo...

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